¿Por qué las jefaturas terminamos siendo “los malos/as de la película”?
Hay una escena que muchas jefaturas conocen bien. Un colaborador llega tarde varias veces, un compromiso no se cumple, una conducta afecta al equipo, una meta se desvía o una regla empieza a flexibilizarse hasta perder sentido. Entonces alguien tiene que conversar, pedir explicaciones, poner límites, ordenar prioridades o tomar una decisión incómoda. Muchas veces esa persona es la jefatura. Y, de pronto, aparece la sensación de estar ocupando un lugar ingrato: ser quien recuerda las reglas del juego. Ser jefe o jefa no consiste solamente en motivar, contener, escuchar y acompañar. También implica asegurar resultados, cuidar estándares, tomar decisiones, asignar recursos, evaluar desempeño y sostener conversaciones difíciles. Esa parte del rol suele ser menos visible en los discursos sobre liderazgo, quizá porque es menos amable, menos inspiradora y menos fácil de mostrar en una presentación. Aun así, es parte central del trabajo directivo. En muchas organizaciones se espera que las jef...