sábado, marzo 03, 2012

¿PUEDE SER LA NECESIDAD MÁS FUERTE QUE LA SEGURIDAD? PSICOLOGIA APLICADA EN LA PREVENCION DE RIESGOS EN LA MINERIA ARTESANAL O PEQUEÑA MINERIA


La muerte de 2 pirquineros en la zona de Arauco en diciembre de 2011, y de cuatro pirquineros en la Región de Coquimbo ocurrida en marzo de 2012 (ambos en Chile), vuelve a poner sobre la mesa una cruda realidad laboral vinculada con la industria minera: las precarias condiciones de trabajo y seguridad de la minería artesanal.

En época en que los metales tienen buen precio, pirquineros por un lado, y la minería ilegal (fuera de norma) por otro, aprovechan la oportunidad. Las evidentes ganancias son el principal atractivo de esta práctica a veces carente de toda medida de seguridad.

Parece anecdótico que, sabiendo de los riesgos a los que se exponen estos trabajadores, ellos sigan realizando estas labores extractivas. Sin embargo, creo necesario plantearse algunas interrogantes y buscar respuestas que, sin soberbia ni animo de creer tenerlas, nos permitan abrir la mente a nuevas preguntas, a otros análisis o a la toma de decisiones para mejorar la seguridad en nuestras empresas.

¿Será que estos trabajadores no valoran su vida? La valoran y mucho, por lo mismo, realizan un trabajo que trae recompensas que consideran especialmente deseables y que benefician tanto a ellos como a sus propias familias, de ahí el esfuerzo, tesón y “valentía”. Puede ser que desde la perspectiva de un tercero, exponerse a estas condiciones sea una “locura”, pero aseguro que el pirquinero conceptualiza su trabajo como uno más entre otros (a veces el más rentable dentro de sus opciones), en el cual se han desarrollado habilidades que los vuelven exitosos.

¿Acaso no saben que se exponen a un peligro? Considero existen dos posturas al respecto: por un lado, es evidente que a menos conocimiento es mayor la probabilidad que se realicen conductas contrarias a la seguridad o se omitan las conductas preventivas; por otro, la experiencia da “pistas falsas” que lleva a los trabajadores a subestimar el riesgo, sobretodo cuando se ha realizado previamente la tarea sin sufrir consecuencias. Por lo anterior, este “saber desde la experiencia” se constituye como el principal argumento contra el cambio hacia las conductas preventivas.

¿Puede ser la necesidad más fuerte que la prevención? Es probable que a mayor necesidad propia o de su familia, las personas se concentren en la obtención del beneficio esperado más que los posibles o poco probables riesgos “reales” (ya que la estadística es “interpretada” según “las necesidades”, el contexto y otras variables). Es posible también que los controles morales del ser humano estén supeditados a la satisfacción de ciertas necesidades básicas, o cuando los controles externos no existen o son poco aplicados. En síntesis, creo que es válido el plantearse la vulnerabilidad de la seguridad como un valor cuando este no ha sido enseñado o reforzado.

No debemos obviar el hecho de que existen variables culturales que están relacionadas a estas prácticas inseguras, entre las cuales (supongo) se encuentran: la baja escolaridad, tradiciones tales como pertenecer a una “familia minera” (abuelo, padre y ahora hijo mineros), conceptualización de lo que significa, sobretodo “ser hombre”, como por ejemplo tomar riesgos, actuar “valientemente”, etc.

Cada vez es más fácil hacer prevención en empresas vinculadas con la gran minería, donde existen sistemas de gestión instalados, monitoreos preventivos, exhaustivos controles, exigencias a empresas colaboradoras, entre otros. Así mismo, es fácil sobretodo cuando “hacer prevención” es tarea de algunos y obediencia de otros.
Nuestra mirada también debe abarcar a nuestros hermanos menores dentro de esta industria, para así evitar seguir lamentando hechos que no deseamos.

lunes, diciembre 26, 2011

DNC Y PERSONALIDAD ¿DEBEMOS CAPACITARLOS A TODOS?



Al realizar una Detección de Necesidades de Capacitación (DNC) debemos determinar las brechas de competencia de una persona respecto de sus funciones y puesto de trabajo. Sin embargo, debemos ser cuidadosos de la metodología con que se pretende cerrar esa brecha, o considerando la práctica actual: a quienes se envía a capacitar…

Un reciente dato, que aparece como resultado de una tesina realizada en un Hospital de Santiago de Chile, 2011, y en el que tuve el honor de participar como asesor especialista, indica que debemos considerar la estructura de personalidad de los participantes como una variable relevante a la hora de diseñar actividades de capacitación, ya que incide en la implementación exitosa de las actividades prácticas y en la transferencia al puesto de trabajo.

El estudio midió el impacto de proyectos que se han implementado el Hospital durante los últimos tres años. Estos proyectos también son tesinas de un diplomado pagado por el hospital para funcionarios que cumplen rol de jefatura.

Se les consultó a los propios integrantes de cada equipo que desarrolló el proyecto acerca del nivel de implementación del proyecto (medido en %, con rubrica y solicitud de evidencia), así también a sus jefaturas (Patrocinantes). También se consultó por las razones del nivel de implementación en aquellos casos donde los porcentajes fueron menores al 75%.

Se dividió el grupo de 15 proyectos (tesinas) en dos categorías, ALTO impacto y BAJO impacto, definido como el porcentaje percibido y evidenciado de avance e implementación del mismo, promediado entre las opiniones de los participantes del equipo y las jefaturas.

A todos los profesionales que implementaron los proyectos, se les aplicó el test D.I.S.C. para verificar si existen diferencias en la estructura de personalidad entre ambos grupos (ALTO impacto y BAJO impacto), dato que podría estar influenciando el resultado de la implementación.

En general, los resultados indican que las personas que integran equipos de ALTO impacto, tienden a ser más perfeccionistas, metódicos, analíticos y sensatos, mientras que los equipos BAJOS, en tienden a la inactividad, serenos, relajados, predecibles y conformes.

Sometidos a estrés, los integrantes de equipos con ALTO impacto  tienden a ser más predecibles, trabajan en equipo y son más pacientes. Además se vuelven más perseverantes, presumidos, sensatos y analíticos, mientras que en mismas circunstancias los miembros de equipos con BAJO impacto se vuelven más exigentes, extrovertidos y descontentos, así como también inseguros y dependientes.

Con este estudio se pudo concluir que si bien pueden existir variables que inciden en el resultado de estas implementaciones, es claro que la estructura de personalidad juega un papel relevante en éxito de la implementación de proyectos en el contexto laboral, lo que podría extrapolarse a la transferencia de los aprendizajes al puesto de trabajo.

Lo anterior explicaría, entre otras variables por supuesto, parte del “porqué” del bajo impacto de los cursos de capacitación o proyectos en las organizaciones, sobretodo aquellos que requieren de la motivación y compromiso de las personas para su implementación exitosa.

Además, los costos de un cursos o diplomados que no generan los resultados esperados son tremendos, llegando, según los resultados de esta tesina, a considerar pérdidas estimadas del 40% de la inversión realizada en los tres años.

Esta conclusión supone, entre otros, el desafío de caracterizar a los participantes de los programas de capacitación, en cuanto a ciertas variables psicológicas (personalidad, aprendizaje, autoestima u otros) para poder implementar la metodología adecuada al caso. Respondiendo la pregunta del titulo, SI debemos capacitarlos a todos, pero NO de la misma forma.


Santiago de Chile, Diciembre 2011.

sábado, noviembre 05, 2011

LAS CONDUCTAS DE RIESGO Y EL VALOR DE LA VIDA.

Muchas veces hemos escuchado frases como las siguientes: “si no usa los EPP, es porque no valora su vida” o “no respeta su vida al conducir a mayores velocidades que la permitida”.

Existe cierta relación entre algunas conductas con valores personales, por lo cual uno podría deducir que si se realizan X conductas, entonces la persona tiene Y valores. Esto es cierto y erróneo. Efectivamente el tener como valor la “seguridad” nos llevará a tener conductas de precaución. Si la persona valora la honestidad, entonces no mentirá; si valora la “responsabilidad” entonces no fallará en el trabajo, y así sucesivamente. Por esto, el argumento, hasta ahí, es válido.

De acuerdo a lo anterior, si una persona realiza una conducta que es contraria a estos valores, entonces podríamos deducir que no los tiene, o no son prioridad. Y es en este razonamiento donde está el error: inducir a partir de conductas específicas valores que son globales.

Parece razonable que si la persona realiza conductas de riesgo, entonces no valora la “seguridad”, aún cuando debemos coincidir en que las conductas de riesgo, o cualquier otro tipo de conductas, son el reflejo de no sólo un valor, sino varios valores que se “reordenan” en nuestra mente cada vez que nos enfrentamos a una situación nueva y/o a tomar una decisión en el trabajo o en nuestra vida diaria (sumemos a esto las variables de madurez, locus de control, desarrollo moral, vulnerabilidad a la presión social, exigencias del entorno, entre otros).

A modo de ejemplo, el realizar trabajos en equipos en movimiento (correas transportadoras) con los consiguientes riesgos de atrapamiento, etc. El trabajador no esta considerando el poco valor de su vida, sino mas bien lo importante que es la producción, seguir las instrucciones de las jefaturas, de hacer rápidamente las tareas tediosas, entre otros, por lo que el “valor de la vida” no esta en juego, sino otros más concretos y atingentes a la situación.

Es más, uno podría hipotetizar que las personas realizan estos actos imprudentes, justamente porque valoran la vida fuera del trabajo, la admiración de pares y jefaturas, la recompensa en dinero, entre otros. Valora por ende su vida y por lo mismo realiza acciones que son cómodas, placenteras y eficientes en el trabajo, aunque estas sean de riesgo.

Por ende, si vemos a un trabajador realizar estos actos, no estarían buscando  malograr su vida, sino más bien, conseguir otros beneficios relacionados directamente con un desempeño fuera de estándar, como por ejemplo, vivir con adrenalina, ahorrar tiempo, trabajar con mayor comodidad, demostrar “algo” a sus pares y/o amigos, etc.

Si efectivamente una persona realizara actos imprudentes porque “no respeta su vida”, entonces estas (personas) estarían orientadas a conseguir el daño como fin y tendríamos probablemente un cuadro, por lo bajo, depresivo, quizás con tendencia a la automutilación o suicida.

En resumen, las conductas de riesgo obedecen a una decisión del trabajador respecto de cómo poder realizar su trabajo con los menores inconvenientes y los mayores beneficios posibles, decisión que se toma a veces con una cantidad de recursos cognitivos limitados o particulares y en un contexto que muchas veces carece de estructura normativa y control.

Esta reflexión plantea entonces el desafío de cómo modificar la relación de costo/beneficio percibido por el trabajador respecto de la conducta de riesgo cuando los costos son bajos (accidentes “casi” no ocurre, supervisión no es permanente, sensación de consecuencias bajas, etc.) y los beneficios altos (reforzadores como la comodidad, rapidez, adrenalina, apoyo social, otros.)

Si el costo es bajo y el beneficio alto de una conducta, esta se mantendrá en el tiempo. La intervención debe estar enfocada a generar un desequilibrio, aumentando la percepción de costo y disminuyendo o relativizando los beneficios de la conducta de riesgo, sin tomar como argumento todo aquello que se contradice con los aprendizajes y experiencia del trabajador, como por ejemplo indicar que el uso de EPP es cómodo cuando el trabajador considera en su experiencia lo contrario o que si se transita por una zona no permitida se accidentará, cuando esto no ha ocurrido.

El control conductual debe aplicarse a las conductas que producirían el accidente, y no cuando este ocurra. Se desequilibra la relación C/B cuando se controla permanentemente el comportamiento diario, se “castigan” las conductas fuera de norma y se implanta disciplina laboral. Además, cuando se premian las conductas ajustadas a estándar y se reconocen los esfuerzos por tener un comportamiento seguro.

sábado, octubre 15, 2011

EL SENTIDO DE LAS OBSERVACIONES CONDUCTUALES EN PREVENCIÓN

Una de las intervenciones que las empresas han implementado en prevención de accidentes son las observaciones conductuales. Estas acciones preventivas tienen distintos nombres dependiendo de la organización que las implementa, ya sea PBC, SSBC, etc. etc. Sin embargo, y en líneas generales consisten en lo mismo: realizar observaciones en terreno del trabajo diario y realizar retroalimentación “in situ” y propuestas de mejora ante los datos estadísticos recogidos respecto de las conductas de riesgo más recurrentes.

Cuando son bien implementadas, los resultados son sorprendentes. Vemos una disminución progresiva de las conductas de riesgo de la empresa en el tiempo y por ende, de los accidentes. Esto tiene sentido dado que las conductas de riesgo (o fuera de estándar) aumentan la probabilidad de que el o la trabajador/a sufra un accidente por alejarse de la forma de proceder que ha sido diseñada para tal efecto (como dato, existen mas accidentes en personas nuevas en la empresa y en tareas sin procedimiento, posiblemente ambos relacionados, hipotéticamente hablando, con el periodo adaptativo a la tarea que tiene cierto grado de improvisación y ajuste).

Otro resultado de las observaciones, es el grado de compromiso de los trabajadores con la seguridad: la formación de equipos líderes, el entrenamiento de monitores y observadores y la observación entre pares fomenta la participación y la integración a la prevención.

Además, cuando se implementan medidas correctivas o de fortalecimiento organizacional, basado en datos reales, se logra mayor eficacia con el resultado y mayor eficiencia en el uso de los recursos, involucrando y convenciendo hasta a los más reacios a implementar cambios en las empresas, a quienes “les gusta ver que las inversiones se hagan de manera seria y responsable”.

Con todo, también existen algunas malas prácticas en la observación conductual que impiden lograr estos resultados. Entre ellos:

  • Equipo líder no constituido apropiadamente, desmotivación entre sus integrantes, pérdida del sentido o motivación en la tarea a realizar.
  • Incorrecta identificación de conductas críticas para realizar la observación en terreno, confundir “conducta” con “condición”, identificar conductas no críticas, etc.
  • Interpretar la conducta y no describir la conducta del trabajador, atribuyendo “causas” de las cuales no estamos seguros o que no son del todo ciertas.
  • Observaciones encubiertas para “pillar, hacer caer o descubrir in fraganti” al trabajador, lo que claramente genera desconfianza entre los trabajadores e incredulidad frente a las intenciones del proyecto.
  • Observaciones realizadas “para cumplir” con la exigencia.
  • Datos falseados para “no perjudicar” a los colegas trabajadores.
  • Falta de retroalimentación o incorrecto proceder en la devolución de la información, por ejemplo, dando más énfasis a los aspectos negativos que a los positivos, o no buscando soluciones sino culpables.
  • Manejo inadecuado de los datos en el procedimiento estadístico, por ejemplo el ingreso parcial o erróneo de los datos, pérdida de información, otros.
  • No informar acerca de los avances del proyecto o definitivamente no implementar soluciones a los problemas detectados.

Estas prácticas dejan entrever que los distintos actores de la organización no han encontrado el verdadero sentido que tienen estas intervenciones. Algunos supervisores suelen comentar que “les significa mayor trabajo”, unos cuentos trabajadores  creen que es una persecución, que los van a despedir, incluso algunos gerentes consideran que es una pérdida de tiempo y dinero.

El problema pasa muchas veces por ver las actividades de un proceso como el fin en si mismo. Algo similar ocurre con la implementación ISO en algunas empresas, ya que las personas se concentran más en contar con los documentos como fin ultimo, más que lograr mejorar y facilitar los procesos a través de estos. En prevención no se puede considerar como la finalidad de la observación el contar con la estadística o las observaciones realizadas.

El verdadero fin de estos proyectos es lograr disminuir la probabilidad de que ocurran accidentes por conductas de riesgo y así mejorar la calidad de vida laboral de los trabajadores. Si esto no se entiende, probablemente pasará mucho tiempo antes que las personas vean el bosque, ya que los árboles les tapan la vista…

domingo, octubre 02, 2011

BRIGADAS DE EMERGENCIA, BRIGADAS DE EXCELENCIA.

En varias oportunidades he colaborado en el desarrollo de equipos que se entrenan para actuar en situaciones de emergencia, y en consecuencia de las conversaciones y aportes de los propios participantes, destacaré algunos aspectos claves que llevan al éxito a estos equipos, como por ejemplo las brigadas, al interior de las organizaciones.

No quiero ahondar en las competencias “duras” de las brigadas, tales como los primeros auxilios, el rescate en altura, manejo de incendios, entre otros, pero sin en aquellas habilidades “blandas” que muchas veces son difíciles de evaluar e identificar en las personas y que pueden comprometer el funcionamiento del equipo.

Estos aspectos son:

Competencias relacionadas con la actuación en emergencia: el primer grupo de competencias están directamente relacionadas con la capacidad de las personas para soportar la presión de una situación límite o una emergencia. No solamente respecto de la capacidad física, sino principalmente la actitud mental o psicológica para pertenecer a una brigada. Entre estos se encuentran:
  • Capacidad para actuar en situaciones bajo presión, tal como estar alerta, reflejos, claridad en el proceder, otros.
  • Ser capaz de tomar decisiones durante las emergencias.
  • Tener claridad de las prioridades durante una emergencia
  • Evaluar el propio estado de salud físico y mental durante una emergencia.

Habilidades relacionadas con la integración de equipos: este grupo es relevante en cuanto permite contar con personas dispuestas a trabajar junto a otras, de manera coordinada y eficiente. En este sentido, se espera de los/as trabajadores/as:
  •  Ajustar su comportamiento a los procedimientos establecidos de actuación en emergencia.
  • Conocer y comprender el rol que le corresponde al interior del equipo.
  • Acatar instrucciones de superiores directos de los equipos de actuación en emergencias.
  • Asumir o entregar el mando cuando corresponda.
  • Esforzarse por hacer un trabajo bien hecho, con la energía suficiente que permita lograr los objetivos y superar los obstáculos.

Actitud de entrega y servicio: consiste en la predisposición de las personas para actuar desinteresadamente en esta noble misión dentro de las empresas. Consiste en querer servir a los demás, ser parte de un grupo de trabajadores “de elite” capacitados y entrenados para afrontar emergencias y muchas veces salvar vidas.
  • Estar convencidos que las personas son lo mas importante de una empresa.
  • Creer que “vale la pena” el esfuerzo  asociado a ser brigadista.
  • Participar con entusiasmo y coraje en las tareas encomendadas, animando al resto del equipo para que no desfallezca.
  • Estar dispuestos a entrenarse y capacitarse permanentemente en los temas requeridos.

Actitud preventiva al interior del equipo como con el resto de la organización: los brigadistas no deben considerarse como tales únicamente cuando existe una emergencia. Esto implica ser personas cuya conducta sea reflejo de un proceder seguro y ajustado a normas, así también como promotores de conductas seguras en sus compañeros de labores. Se destacan entre otras conductas las siguientes:
  • Actuar de manera segura ajustado a procedimientos de trabajo.
  • Corregir el desempeño inseguro de compañeros de trabajo.
  • Aportar ideas para un trabajo cada vez más seguro.
  • Identificar al interior de la empresa aquellas condiciones subestándar que favorezcan la ocurrencia de posibles emergencias.

Estos aspectos, entre otros, contribuyen a desarrollar brigadas cada vez más “profesionales” al interior de las empresas. El paso siguiente es que estas últimas (empresas) sepan atraer y reconocer los esfuerzos de los/as trabajadores que las constituyen.

viernes, agosto 26, 2011

¿CUALES SON LOS PASOS PARA AUMENTAR LA MOTIVACION DE LOS TRABAJADORES? MODELO “NAD” COMO UNA PROPUESTA DE INTERVENCIÓN

La motivación es clave para la producción, calidad y seguridad. Un trabajo “bien hecho” supone una persona que tiene una predisposición (actitud) positiva y una orientación clara de cumplir con las demanda del negocio en los términos antes mencionados.

Por otro lado, las predisposiciones negativas tienen consecuencias igualmente negativas: baja producción, mayor número de errores y mayor probabilidad de sufrir un accidente.

Parece obvio que la clave se encuentra en “cambiar” el enfoque de la predisposición del trabajador, sobretodo hoy, cuando estamos poniendo énfasis en acciones concretas y sistemáticas para abordar la prevención desde el comportamiento.

Una “motivación” apropiada (o adecuada) debiera entenderse entonces como una “predisposición a conseguir un resultado, en este caso laboral, ajustado a estándares, por las consecuencias y beneficios de realizarlo de esa forma y no de otra” algo así como el impulso personal que nos mueve a cumplir “como corresponde”.

Motivación y actitud van de la mano. Son conceptos que resultan estar vinculados en los análisis del comportamiento humano en las organizaciones, y por lo mismo debiéramos trabajar el desarrollo de una cultura segura o preventiva, bajo el cambio actitudinal y el logro de motivaciones “apropiadas”.

Lo anterior nos indica entonces que una intervención en la motivación de los trabajadores permitiría un cambio de impacto permanente, al estar vinculado con las actitudes de cada uno de nosotros. Así, lograríamos asentar un comportamiento esperado en la medida que los trabajadores le encuentran sentido al trabajo y sienten que pertenecen a una organización que los escucha y recompensa su esfuerzo.

Intervenir la motivación no consiste únicamente en repartir bonos, compartir almuerzos o cenas de camaradería, entregar reconocimientos u otros similares. ¿Bastará con un reconocimiento social cuando tenemos sueldos bajo mercado? ¿Tiene sentido un diploma o galvano cuando la relación con la jefatura no es buena? ¿Será suficiente una cena de camaradería cuando las condiciones de trabajo no son las apropiadas? ¿Un apretón de manos del gerente es válido cuando tenemos inequidad interna en los sueldos?...

Claramente, estas interrogantes plantean que no es suficiente contar con estímulos “motivadores” de un nivel, por así decirlo “superior”, cuando tenemos falencias en aspectos “básicos” en la convivencia laboral.

Por esta razón mencionada, y asumiendo que existen niveles en los que podemos clasificar a los estímulos “motivadores”, es que una propuesta de cómo intervenir la motivación de los trabajadores considera tres instancias de diagnóstico y acción que resumen en el modelo NAD (Goldman, K. 2011), sigla de “Nivelar”, “Apoyar” y “Desarrollar”.

PRIMER PASO: NIVELAR

En esta primera instancia se requiere abordar elementos del entorno inmediato del trabajador para poder llevarlos a un estándar “mínimo” que le permita desarrollar sus funciones de manera “normal”. Esto supone un análisis del entorno de trabajo y una modificación de aspectos físicos (del ambiente de trabajo, herramientas, equipos, horarios, turnos, etc.), contractuales y de relaciones humanas. Además, debemos asegurar o tender hacia la equidad interna en compensaciones, claridad de los roles, transparencia en la evaluación y calificación del desempeño, reestablecimiento de las confianzas muchas veces perdidas, entre otros. Se debe tener presente la normativa relacionada en esta materia. Con este primer paso, quizás no motivemos del todo a las personas, pero evitaremos que se desmotiven a causa de condiciones.

SEGUNDO PASO: APOYAR

Una vez que la empresa u organización ha “Nivelado” las condiciones de trabajo, el plan de intervención en motivación ha de precisar cuales son las necesidades de sus trabajadores de acuerdo a ciertas características personales o de su núcleo familiar, hábitos de consumo, endeudamiento, otros, para brindarles el apoyo necesario que disminuya la preocupación o enfoque inapropiado de su atención. El apoyo puede ir desde canastas familiares, capacitación específica, créditos blandos, becas para el/la trabajador/a o sus hijos/as, hasta otros. en este segundo paso, la motivación permite mantener los beneficios alcanzados.

TERCER PASO: DESARROLLAR

Una vez que la empresa ha desplegado esfuerzos para nivelar y apoyar, es hora de permitir que los trabajadores se desarrollen en la organización o a través de ella. El desarrollo profesional puede darse a través de capacitación o formación específica, desarrollo de carrera laboral, proyectos interdisciplinarios, fondos concursables, pasantías dentro o fuera de la empresa, entre otros. El desarrollo personal puede abarcarse desde la incorporación de talleres artísticos, formación de agrupaciones informales (clubes deportivos, grupos de estudio, comité de festejos) entre otros. En este paso, la motivación aparece como una actitud de agradecimiento y predisposición positiva al trabajo como retribución.

El modelo NAD requiere de una serie de acciones previas orientadas a pesquisar y precisar las condiciones mínimas (Nivelar), las necesidades de los trabajadores (Apoyar) y conocer sus deseos (Desarrollar). Además requiere de un trabajo sistémico y conciente de todos los niveles de la organización, sobretodo de las jefaturas directas debido a los estímulos motivadores derivados de la relación interpersonal.

Santiago de Chile, Agosto 2011.

lunes, junio 06, 2011

COMO AUMENTAR LA MOTIVACIÓN DE LOS TRABAJADORES. UNA REVISIÓN DESDE ALGUNAS TEORÍAS DE MOTIVACIÓN

Resumen

La motivación, si bien es un proceso interno, se ve fuertemente influenciada por las características del entorno, ya que este determina en parte las decisiones de acción de cada individuo. Dado esto es que las empresas pueden realizar diversas acciones para aumentar el rendimiento de sus trabajadores, propiciando condiciones óptimas para que cada uno de ellos evalúe a conveniencia los esfuerzos a realizar en función de los beneficios a obtener.

Palabras clave: motivación, producción, desempeño, equidad, gestión, objetivos, metodología, conductas.

_____________________________________________________________________

Si bien considero la motivación como un proceso interno de cada uno de nosotros, esta se desencadena en función de la evaluación que hacemos de las variables o estímulos del entorno, considerando nuestros propios intereses y expectativas ante los mismos. Por ende, estar “motivados” es el resultado de la interacción del individuo en un entorno determinado, particular y específico en tiempo y contexto.

En este sentido, es lógico pensar que la motivación tiene un fuerte componente externo, aun cuando no debemos dejar de lado la capacidad de las personas de automotivarse. En los siguientes párrafos analizaré el como, considerando los aportes de las distintas teorías de la motivación, las empresas pueden abordar el tema y aumentar esta variable que incide favorablemente en el esfuerzo y desempeño entregado por los trabajadores en sus puestos de trabajo.

Consideremos pues, en primer lugar, que el trabajo como un ámbito de la relación humana, no solo consiste en un intercambio de servicios por remuneración, sino que también es fuente de satisfacción profesional y personal. Tanto Maslow como Herzberg nos ofrecen teorías bastante argumentadas al respecto, aun cuando la teoría de los “dos factores” (Herzberg), permite dilucidar típicos problemas organizacionales relacionados al tema.

Respecto de lo anterior, muchas empresas generan sofisticados sistemas de compensaciones no monetarias como parte del plan de incentivos (motivacionales), aun cuando no han sido capaces de resolver aspectos básicos de la relación contractual, los salarios, las condiciones de trabajo, la estabilidad laboral, entre otros, lo que genera frustración a los directivos ya que los niveles de rendimiento suelen no aumentar. Es evidente que si bien se generan instancias de “motivación”, no se consideran situaciones que son mínimas y que debieran existir por el solo hecho de generarse la relación contractual, me refiero a los mencionados anteriormente y que están relacionados con aquellos “factores higiénicos”, que al no estar presentes, generan gran insatisfacción, pero que al estar presentes, sólo generan “ninguna insatisfacción”.

Sólo cuando estos factores higiénicos estén resueltos, las empresas podrán motivar a sus trabajadores con acciones de reconocimiento, estatus, realización, entre otros. En otras palabras, la motivación se logra cuando las empresas ven a sus trabajadores como personas que, independiente del hecho que son “trabajadores”, especialistas en un área o dedicados a una tarea o disciplina, requieren de consideraciones del ámbito humano.

Por otro lado, existe un factor subjetivo interesante de analizar. Los trabajadores seleccionan aquellos comportamientos que consideran les permiten obtener resultados esperados, que generalmente están asociados a ciertos objetivos individuales. El rendimiento, por ende, se relaciona con la percepción de alcance real de las metas y de la satisfacción de las expectativas. Según Vroom, estos argumentos son situacionales, por la subjetividad propia de las expectativas y las metas individuales.

Relacionado a lo anterior, la motivación aumentará si los trabajadores perciben que su esfuerzo esta directamente relacionado con el cumplimiento de los objetivos individuales. Si la recompensa es igual a distinto nivel de rendimiento, esforzarse será inútil, ya que no trae aparejado mayores beneficios y por ende el desempeño disminuirá. Esto podría explicar, entre otros argumentos, la exitosa implementación de sistemas de remuneración variable entre las empresas modernas.

Adicionalmente, los trabajadores valorarán todas aquellas acciones que implemente la empresa siempre que se vinculen directamente con el aumentar las competencias que se relacionan con el rendimiento personal y grupal. En este sentido, la pertinencia de la capacitación, por ejemplo, es motivacional, ya que permite aumentar la producción y por ende los ingresos.

La motivación de los trabajadores aumentará, también, cuando su entorno laboral le permita satisfacer necesidades de Poder, Afiliación y/o Logro. Los esfuerzos para motivar deben ser coherentes con estos perfiles.

Muchas personas sienten plena satisfacción al sentirse con las atribuciones de tomar decisiones, dirigir proyectos, personas, en definitiva estar al mando. Este perfil de trabajador suele estar cómodo en posiciones de jefatura, dirección o como trabajadores independientes dueños de sus propios negocios. Identificar este tipo de perfil permite fortalecer los sistemas de desarrollo de carrera laboral que consideran la movilidad ascendente.

Otro tipo de trabajadores se esfuerza por ser parte de algo, sentirse valorado por un grupo específico o estar vinculado a una empresa (marca) en particular. El orgullo de pertenecer es un gran motivador que aumenta el rendimiento para “ingresar” al sistema y que mantiene ese rendimiento cuando se es parte de él. En este caso, las empresas tienen la responsabilidad de potenciar su posición en el mercado y asociar su nombre a ciertos aspectos valorados por las personas que en ella trabajan. También es necesario que exista un plan comunicacional interno que confirme la posición y prestigio de la empresa entre sus empleados.

Los trabajadores con necesidad de logro aumentan su rendimiento cuando las empresas valoran y recompensan los aportes individuales y/o grupales y cuando generan puestos de trabajo con metas atractivas y desafiantes. El rediseño de los puestos de trabajo, la formación de equipos de alto desempeño, el centrarse en competencias laborales, entre otros pueden ser estrategias viables para motivar a este tipo de trabajadores.

Es claro que dadas las diferencias entre estos tres tipos de trabajadores, se requiere de un proceso de identificación de las necesidades y clasificación para diseñar los mecanismos apropiados de motivación, ya que ascender a quien tenga una necesidad de afiliación, o de exigir metas mas complejas a quienes sienten necesidad de afiliación, aumentará la insatisfacción laboral y disminuirá el rendimiento de dichos trabajadores.

Por otra parte y curiosamente, existen evidencias acerca del poder del dinero como factor motivacional que permite aumentar el desempeño, el compañerismo y la dedicación a la organización (Lawler, 1975, citado por Chiavenato, 2000). Para lograr eficientemente esta relación, los trabajadores deben percibir que existe directa relación entre tarea, esfuerzo, remuneración y tiempo en recibirlo para asociar el rendimiento al dinero.

Sin embargo, nos encontramos con un gran obstáculo: las evaluaciones de desempeño. En general y obviando las excepciones, estas evaluaciones no se construyen en función de indicadores específicos por cargo, sino más bien por factores generales y con un alto nivel de subjetividad. Esto impide tomar decisiones de mejora continua y mucho menos asociar rendimiento a compensación. Resalto el hecho de que muchas empresas cuentan con sistemas de evaluación del desempeño bastante avanzados, de mayor complejidad y objetividad.

Existe consenso que en algunos países como Chile, las evaluaciones de desempeño del sector público adolecen (en general) de objetividad o mecanismos específicos centrados en la productividad personal, con incentivo al rendimiento. Esta característica transforma la calificación en una instancia administrativa para lograr la sensación de justicia y equidad más que como un elemento potenciador del rendimiento.

Una forma de evitar la desmotivación de los trabajadores es lograr que exista la percepción de que los esfuerzos realizados en un puesto de trabajo son “justos”, comparados con otros dentro de la misma empresa (Equidad interna), como con el mismo puesto en la industria (Competitividad). Muchos trabajadores disminuyen sus esfuerzos al sentir que trabajan más que otros que trabajan menos y ganan lo mismo. Incluso cuando sienten que se esfuerzan demasiado en relación a las ganancias obtenidas. El resultado de ambos análisis subjetivos da pie aun sentimiento de frustración cuando el trabajador considera no tener alternativas de trabajo, o de la decisión de buscar nuevas oportunidades laborales en otras empresas u otros puestos dentro de la misma.

Lograremos equidad interna si gestionamos las compensaciones considerando el peso relativo de los puestos de trabajo, comparando las funciones de cada uno de ellos a través de un sistema, por ejemplo, de puntajes. Esto permite no solo asignar con mayor objetividad las remuneraciones, sino que aumenta la objetividad y la percepción de equidad entre los trabajadores.

Es inevitable que los trabajadores comparen sus beneficios y remuneraciones con otras empresas. Si bien esto es inevitable, una forma de evitar la desmotivación es lograr un nivel de equidad externa o competitividad con empresas de similares características y de la misma industria. Existen trabajadores de la industria del retail que se desmotivan al compararse con pares profesionales de industria como la Minera. Esta comparación es falaz dado que son realidades distintas. En eso las empresas han de ser cuidadosas a la hora de comunicar sus mensajes motivacionales, tanto como a la hora de buscar comparaciones válidas.

Otra forma de evitar la desmotivación es considerar que dentro de la empresa existen personas competentes y motivadas por el trabajo en si mismo (razones dadas previamente), por lo que asumir la “Teoría X” (McGregor) como válida para todas las empresas es un error. Los estilos de liderazgo y los sistemas de control han de estructurarse de acuerdo a las características culturales de la empresa y de sus trabajadores. Las empresas humanizadas de la teoría Z (Ouchi) se muestran más acordes, en teoría, a las nuevas tendencias en gestión del capital humano.

Para finalizar, es interesante ver como podemos aumentar el rendimiento de los trabajadores bajo algunas prácticas de dudosa moralidad o ética, como la presión psicológica que ejerce una amenaza de despido en un sistema de frágil estabilidad laboral. Si bien se logran resultados, estos han demostrado ser pasajeros, impropios de una sociedad que busca el desarrollo e inconsistentes bajo la mirada de la responsabilidad social y las nuevas tendencias en la gestión del capital humano.


Santiago de Chile, Junio 2011.