Salud mental masculina y trabajo: cuando el silencio también se vuelve una carga
Hay hombres que llegan todos los días al trabajo, cumplen, responden, resuelven problemas, sostienen equipos, pagan cuentas, manejan presión, siguen adelante. Desde fuera, parecen estar funcionando. Y muchas veces lo están. Pero funcionar no siempre es estar bien.
Junio, mes en que se promueve la conversación sobre salud mental masculina, abre una oportunidad importante para mirar una realidad que suele quedar a medio decir: muchos hombres viven el malestar en silencio, lo transforman en irritabilidad, cansancio, aislamiento, exceso de trabajo o distancia emocional. A veces no lo nombran como ansiedad, tristeza o agotamiento. Lo nombran como “estrés”, “pega”, “responsabilidad”, “estar preocupado” o simplemente no lo nombran.
Los datos ayudan a darle peso a esta conversación. En Chile, el Termómetro de Salud Mental ACHS-UC 2025 mostró que un 25,8% de la población adulta urbana presenta ansiedad generalizada. La cifra en hombres fue de 13,4%, bastante menor que el 35,5% observado en mujeres. En depresión ocurre algo parecido: se ha reportado cerca de un 6% en hombres y 19,5% en mujeres. A primera vista, podría parecer que ellos están mejor. Pero la lectura se vuelve más compleja cuando miramos el suicidio: en Chile, la tasa masculina se ha estimado en 17,3 por cada 100.000 hombres, frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, y alrededor del 70% de las muertes por suicidio corresponden a hombres.
Ahí aparece una tensión muy fuerte: los hombres reportan menos malestar, consultan menos, hablan menos, pero mueren más por suicidio. Esa brecha nos obliga a mirar más allá del número. Probablemente hay sufrimiento que no está llegando a las encuestas, a las consultas, a las redes de apoyo ni a las conversaciones cotidianas.
En América Latina, la situación también preocupa. La OPS ha señalado que el suicidio continúa siendo un problema relevante de salud pública en la Región de las Américas, con una mortalidad mayor en hombres. A nivel global, la OMS estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año, y que el 73% de estas muertes ocurre en países de ingresos bajos y medios. No estamos frente a un fenómeno lejano ni excepcional. Está más cerca de lo que muchas organizaciones creen.
En el trabajo, esta conversación se vuelve especialmente sensible. Para muchos hombres, el rol laboral no es solo una ocupación: es identidad, estatus, pertenencia, validación y, muchas veces, una forma de demostrar valor personal. Perder el trabajo, sentirse reemplazable, fallar en una meta, no poder sostener económicamente a la familia o quedar expuesto frente a otros puede vivirse con mucha vergüenza. Y la vergüenza, cuando no encuentra palabras, suele encerrarse.
La OMS y la OIT han advertido que la depresión y la ansiedad generan cerca de 12.000 millones de días laborales perdidos cada año en el mundo, con un costo cercano a US$ 1 billón en productividad. Pero detrás de esas cifras hay algo más cotidiano: personas que duermen mal, llegan irritadas, se desconectan del equipo, toman decisiones apresuradas, evitan conversaciones difíciles o sienten que ya no pueden más.
Una pregunta necesaria para cualquier organización sería esta: ¿Cuántos hombres en nuestros equipos están rindiendo hacia afuera, pero sosteniéndose apenas por dentro?
El malestar masculino rara vez aparece con un cartel visible. A veces se expresa como humor ácido, enojo frecuente, consumo de alcohol, aislamiento, hiperexigencia, dificultad para pedir ayuda, rechazo a hablar de emociones o una necesidad constante de tener el control. En cargos de liderazgo, incluso puede confundirse con carácter, temple o exigencia. Pero un jefe que nunca descansa, que no delega, que responde con dureza o que vive en alerta permanente también puede estar mostrando señales de desgaste.
El trabajo puede ser un factor protector cuando entrega sentido, vínculos, reconocimiento, estructura y apoyo. También puede volverse un factor de riesgo cuando instala sobrecarga crónica, turnos extensos, trato hostil, metas inalcanzables, baja autonomía, incertidumbre permanente o liderazgos que normalizan el aguante como virtud. En el caso de los hombres, esa cultura del aguante puede calzar peligrosamente con mandatos aprendidos desde niños: no molestar, no quebrarse, no llorar, no pedir.
Por eso, las empresas necesitan dejar de mirar la salud mental masculina solo como un tema individual. Un hombre puede aprender a pedir ayuda, sí. Pero también necesita entornos donde pedir ayuda no lo deje expuesto, ridiculizado o marcado como débil. Las jefaturas tienen un rol preventivo clave: observar cambios, abrir conversaciones, escuchar sin apurar, derivar oportunamente y cuidar la confidencialidad. No tienen que hacer terapia. Sí tienen que aprender a no cerrar la puerta cuando alguien intenta hablar.
También es importante revisar cómo se conversa entre hombres dentro de los equipos. A veces basta una broma para clausurar una conversación seria. Un “qué sensible”, “no será para tanto” o “ponle actitud” puede parecer menor, pero en alguien que ya viene al límite puede confirmar una idea dolorosa: mejor no decir nada.
Cuidar la salud mental masculina exige acciones simples y profundas al mismo tiempo: capacitar a líderes, instalar canales de apoyo confiables, medir riesgos psicosociales, revisar cargas de trabajo, promover conversaciones seguras, reducir el estigma y enseñar a reconocer señales tempranas. También implica ampliar la idea de fortaleza. Un hombre fuerte no es el que aguanta todo en silencio; también es quien se detiene, pide ayuda, conversa a tiempo y se permite ser acompañado.
Junio puede ser un buen punto de partida, pero el desafío no cabe en un mes. La salud mental de los hombres se cuida en las reuniones, en los turnos, en los estilos de liderazgo, en la forma de dar feedback, en cómo se gestiona la presión y en cómo se responde cuando alguien deja de estar como antes.
Quizás el primer gesto sea más sencillo de lo que parece: no quedarse tranquilo con el “estoy bien” automático. Preguntar mejor. Escuchar más. Abrir espacio. Porque muchas veces, antes de que un hombre pida ayuda, necesita sentir que hay alguien dispuesto a escuchar sin juzgar.
Referencias
- Asociación Chilena de Seguridad & Pontificia Universidad Católica de Chile. (2025). Termómetro de Salud Mental en Chile 2025. ACHS-UC.
- Organización Internacional del Trabajo. (2022). La salud mental en el trabajo. OIT.
- Organización Mundial de la Salud. (2025). Suicidio. OMS.
- Organización Panamericana de la Salud. (2025). Prevención del suicidio. OPS/OMS.
- Organización Mundial de la Salud & Organización Internacional del Trabajo. (2022). La OMS y la OIT piden nuevas medidas para abordar los problemas de salud mental en el trabajo. OMS/OIT.
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